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Violencia legítima, infamia del Estado

Desde las concepciones clásicas de la política, la estructura del poder se reduce al binomio entre dominadores y dominados, condición que niega la posibilidad de evaluar a la realidad social de un orden civilizatorio como un proceso sistémico. En consecuencia, si aceptamos la premisa de dominadores y dominados, en primer término ajustamos el proceso a una cuestión causal donde la preservación del poder es un medio para asegurar un fin que estriba en el control social y, en un segundo momento, esto esconderá la preservación de la élite misma que establece esta relación de dominio.

Para Weber, el Estado es el macrosujeto que tiene el monopolio de la violencia legítima, cuestión que se desprende de un Contrato Social, que asegura desde la voluntad general, la voluntad particular del ejercicio de gobierno. En todo caso, el ejercicio de gobierno en la libertad de los modernos, se asegura mediante la representación, instancia diferida de la democracia, que deja en un interlocutor, la interpretación de una aparente “voluntad general”.

El ejercicio de la violencia “legitima del Estado”, se explica como diría Hart, porque la “razón no es suficiente”, así como tampoco lo es el Derecho, cuestión, que traza de manera inercial el uso de la violencia, allí donde la luz del Estado, se opaca ante la oscuridad de los actos humanos y por lo tanto de su significación social. En un acto de congruencia aparente, el Estado no castiga, sólo ejerce su poder sobre aquello que es capaz de subvertir el orden y por lo tanto, el sentido normativo.

Pero, en estos días aciagos, no escuchamos a cada instante que la violencia no puede ser permitida; esto nos lleva a sobrepasar el sentido normativo de la denominada “violencia legítima”, para advertir desde la razón y su estructura lógica, que la violencia no es ni podrá ser legitima, no hay violencia legítima porque desde ninguna óptica social se puede legitimar la violencia, esto es contundente y claro.

Entonces, ¿porque el Estado recurre al uso de la fuerza coactiva que esconde violencia abierta o no? (psíquica), la respuesta es avasalladora desde su raíz, la racionalidad del Estado es tan miserable como su sentido instrumentalista, es decir, como instrumento de preservación y reproducción de grupos sociales minoritarios que a través del orden normativo, la alienación, la captación y desde luego, la ignorancia de los sujetos sociales, hace del poder el medio para preservar un fui, el control social.

El espacio de la violencia de Estado, ha estado acompañada del crimen de Estado. Sabemos de manera sobrada como lo ha señalado Chomsky, la serie de crímenes que se han perpetrado por diferentes potencias en contra de pueblos o individuos por constituir un dolor de cabeza; pensemos en Martin Luther King, Salvador Allende, Ernesto Che Guevara, Chico Méndes, los indígenas de América Latina, los campesinos, los trabajadores,  los niños ante la miseria y la prostitución; personas que dejaron sus vidas y que la siguen dejando ante los intereses oscuros que con claridad manejan el poder como su medio de preservación.

Un fenómeno destacable en todo esto, lo implica el tránsito de los políticos empresarios en América Latina, que se han convertido en juez y parte, para custodiar desde el manejo del Estado su poder económico; esto ha creado un nuevo paradigma político, porque ello, también es una forma de violencia legítima, porque se legitima al abuso del nepotismo como una herramienta abierta de dominación. ¿Qué puede implicar mayor nepotismo que ser juez y parte?, es acaso que Vicente Fox y Sebastián Piñera, son ejemplos de la carencia de probidad y respeto al servicio público, desde luego que lo son, de ello no hay dudas y si alguien las tiene es que es un ingenuo, por decirlo de manera barata.

Nada tan crudo como pensar al Estado como policía o gendarme custodio, nada tan real como su presencia en la represión y opresión de los que menos tienen (la mayoría), en favor de lo que lo tienen todo (la minoría); no es verdad que la pobreza deviene de la flojera, el conformismo o la estupidez de quienes la presenta, es una forma de violencia legítima, porque el Estado ha dejado en indefensión a seres humanos, haciéndoles perpetuar la ignorancia y la miseria para su control social.

Ningún ser humano debería estar en estado de pobreza, esto es una cuestión de asimetría política y no de asimetría de la riqueza, como señala Rawls, no hay justicia allí donde la riqueza no se distribuye y, mucho menos donde el Estado es el mentor de esta desigualdad. Entendamos, la vida humana no es desigual por la capacidad mental de unos sobre otros, es desigual por el uso, abuso y distribución del poder político, en ello se fragua la verdadera violencia social, la que proviene de las estructuras institucionales que hacen de la violencia, su propia legitimidad de estar o ser.

Por el Dr. Carlos Barra Moulain, Catedrático del Centro Universitario de Educación a Distancia, A.C.

 

¿En qué situaciones crees que el Estado ejerce violencia contra la sociedad? Comparte con nosotros tu opinión

 

0 Comments:

  • Mohamed / Responder

    He puesto un post pregnutando a los foreros, no hay incidencia, sf3lo somos dos personas, he cambiado el estilo un momento y la ventana de nuevo tema no me vibra con post largos, de momento dejo el estilo que teneda.Gracias

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