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Psicopolítica

Psicopolítica
Por Dr. Carlos Barra Moulain / Centro Universitario de Educación a Distancia A.C.
De niño me reía de las hibridaciones, pensaba en lo amorfo de algo que podía ser mezclado hasta el poder de engendrar un nuevo elemento, me repugnaban los helados híbridos, pensaba, ¡esto es tan imbécil como tratar de cruzar un elefante con una hormiga!, desde luego mis alcances sólo eran de un pequeñuelo.
 
Cuando ingresé a la carrera, apareció por vez primera la gran hibridación que sería el inicio de muchas más en la forma de abordar mi realidad, Wright Mills, sociólogo norteamericano le había legado a la Ciencia Política la categoría del “clase política”, allí se perfiló no sólo la estratificación de un concepto político cuyo fundamento era impactar dentro del orden social, esto me pareció en un primer momento un sincretismo mal cuajado de Mills, e inclusive, una osadía cabrona, llegué a pensar en la pureza del objeto de estudio, me cuestioné el sentido empírico e incluso, creí que era una chaqueta mental del gringo.
 
Pero después me topé con Alejandro, siempre Alejandro de mis pergaminos, mi paisano favorito después de Neruda. Jodorowski, que había llegado para quedarse en mi vida, quizá como lo hizo Sartre o Marx, sólo que con la cercanía de mi tierra y además, con la fuerza de ese intelecto que no encuentra concilio con la placidez o bien con el conformismo, él me devolvía a la hibridación, nuevamente tenía que luchar con mis demonios y mis zonas oscuras, nuevamente vuelta al sueño.
 
Jodorowski me fascinaba y subyugaba, me hacía pensar en la hibridación que da luz, en concreto de la psicomagia, pero para ello, yo tenía que entrar en el sueño humil, sabio y dejar de lado la fantasía que sólo entorpece el camino, que lo enmaraña con el “oro de tontos”, aquellos que evaden la realidad como que si esto fuera posible, aquellos que hacen del sueño “sueño” y lo vuelven ripio de vereda. Así fue como empecé a hablar de la psicomagia para pasar a la psicopolitica, campo ya explorado pero no fecundamente por mis colegas, que han preferido la fantasía política como camino para conquistar y hacer de la “caja china”, el invento recurrente del control social.
Los primeros intentos, trataron de crear una hibridación de la psicología aplicada a las connotaciones del poder, pero el concepto quedaba en indefensión de ante mano, el poder es un concepto laxo e intrincado que llega a confundirse con la arbitrariedad o el uso de la fuerza, ni siquiera se puede admitir desde la autoridad ciega y mucho menos desde el autoritarismo, esto es lo que yo llamo el nudo de ciego y que Maquiavelo denominó “el no poder por el poder”.
 
Por ello, el camino a psicopolitica exige y así lo espero, un esfuerzo distinto. Volver desde la concepción de Arendt, a la simpleza de la política en el juego de acuerdos y consensos, donde la conveniencia de lo legal, es el acuerdo supremo para empezar el dialogo-juego, se trata en lo profundo de un acto civilizatorio, de figuras psicopoliticas como el Estado.
 
Aún pensando en que la hibridación parece ser un siamés, no termina el dilema de la viabilidad, es necesario darle a la psicopolitica su justo espacio, no se puede empezar por generar categorías cuando el objeto de estudio y su necesario método aun no se plantean, no se trata de inaugurar una nueva disciplina para el decálogo del discurso político, sino de encontrar la fuente de un nuevo conocimiento, que en realidad es bastante vetusto, pero que pocos han explorado.
 
Propongo aquí a modo de búsqueda, la condición de pensar una sola vez, en el monstruo social, como ya lo ha hecho Karl Smith, pero no solamente para hablar de la figura del miedo y del terror como posibilidad de control social, sino de la explicación sobre el control social a partir del miedo y del terror; en esta connotación, la psicopolitica aparece desprovista de su “halos”, de acuerdo para empezar a perfilar sus técnicas de subyugación y reproducción como bien advirtió Luis Althusser; entonces  la psicopolitica, puede admitir cualquier expectativa hacia las técnicas del control social, lo mismo en el terror que en la simulación, lo mismo hacia la demagogia, en todo esto, siempre prima la desesperanza y la incertidumbre social.
Por Dr. Carlos Barra Moulain

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