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El otro muro: del norte y del sur

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El otro muro: del norte y del sur

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro

El comité de servicios armados de la cámara baja de la casa de representantes de Estados Unidos propuso un plan al congreso de los Estados Unidos en Noviembre 3 de 2005, se trataba de la construcción de una reja a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México. Los más conservadores insistían en la construcción de la reja para proteger América y garantizarla para los americanos, lo más radicales querían echar llave a la puerta y hacer perdidiza la llave; un mes más tarde el Congresista Duncan Lee Hunter propuso una enmienda a la Border Protection, Anti-terrorism, and Illegal Immigration Control Act (ley de control de inmigración ilegal, protección de fronteras y anti-terrorismo) también conocida como H.R. 4437, que una vez aprobada por la cámara disponía la construcción de 1,123 kilómetros de “rejas” entre México y Estados Unidos.

En mayo 17 de 2006 el Senado propuso una Reforma a la ley de Inmigración (S-2611), la reforma buscaría crear 370 millas (600 kilómetros) de “fortificaciones” (una triple muralla defensiva) para prevenir incursiones terrestres al territorio de Estados Unidos, se convertiría en ley en Octubre del mismo año. El gobierno federal de Estados Unidos gastaría 1.2 mil millones de dólares en la construcción de los sistemas de fortificación.

La muralla, sin embargo, probaría ser un proyecto demasiado grande para ser terminado en una sola instancia, lo que dejo “huecos” de considerable tamaño para el patrullaje “tradicional”. Incluso Arizona procuró recaudar fondos para concluir el proyecto, aunque, sin éxito. La muralla fronteriza, ya de por si una canallada, lo es más porque inconclusa sigue siendo una promesa del sueño americano.


El muro

La “reja” de la frontera nació como un proyecto de apoyo a las labores de la patrulla fronteriza, sin embargo a partir de 2008 se convirtió en un “sólido proyecto de defensa”. Una fortificación de 6.4 metros de altura y con 1.8 metros de profundidad, edificada en cemento de hormigón y/o acero. Durante su construcción habitantes de las regiones dónde el muro se erigía protestaron, algunas de éstas protestas tomaron un tono más bien violento que, al final, dejó 4 contratistas heridos y aún más molestias, de parte de los del Norte que no entienden lo que significa vivir al margen y con pocas perspectivas de progreso y al sur, un sentido de incomprensión total ante la única posibilidad de cambio y progreso.


Repartiendo culpas

El ejercicio de la repartición de culpas y responsabilidades es quizá el menos democrático, el más impreciso y el más mezquino, sin embargo, es ubicuo. Desde el momento que Estados Unidos hizo públicos sus planes de construir un muro para cerrar cualquier acceso a los Estados Unidos los gobiernos de México, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras realizaron pronunciamientos en contra del proyecto. Políticos, intelectuales y organizaciones humanitarias sonaron los tambores de guerra, golpearon sus pechos y se indignaron, pero ninguno pensó en lo que vendría después.

No se pensó en una serie de políticas públicas que previnieran el flujo migratorio, no se pensó en cómo generar más oportunidades que hicieran la migración innecesaria, más bien se pensó, en silencio, en mantener el “status quo” porque la migración al norte significa remesas y procurar un cambio de paradigma al interior de las naciones americanas significaría un esfuerzo que para la clase política “no vale la pena”.

La migración ilegal a Estados Unidos de personas desesperadas en búsqueda de mejores oportunidades y una mejor calidad de vida no se detuvo por el simple hecho de que se erigió un muro, una realidad que debería haber estado presente en la mente de los congresistas que aprobaron las leyes que ordenaron su construcción. “…nadie podía prever que la migración seguiría…” decía un congresista octogenario y nada podría ser más falso. Si Estados Unidos aprendió algo durante el siglo XX es que la gente desesperada hará lo que sea necesario para trascender su paradigma, aunque sea un sueño, aunque sea sólo la posibilidad de ser feliz; verbigracia Berlín (1961-1989).


Y al final…

La desesperación se apoderó de los que habían llegado, y los obligó a enviar lo más preciado para ellos, sorteando toda clase de peligros y vicisitudes, padres y madres de familia enviaron a sus hijos a alcanzarlos en Estados Unidos ante la perspectiva de un cierre total de la frontera con Estados Unidos. Ojalá que ésta simple apología conmine a aquellos que pueden y deben crear condiciones de seguridad y oportunidades al interior de sus naciones al ejercicio del poder público para beneficio de los más necesitados porque ésta historia no termina aquí.

¿Tú qué opinas?

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro / Centro Universitario de Educación a Distancia A.C. / www.cuedac.edu.mx

 

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