logo
PLATAFORMA

El mito de reciclar

 

 rec

Vivimos en un mundo dónde el consumo es el eje sobre el cual gira gran parte de nuestra actividad económica-social, una realidad que favorece la acumulación de bienes, cada vez más efímeros y provisionales. La nuestra es una visión idealizada de nosotros mismos que, con complacencia, reduce la experiencia en sociedad al paradigma unificador del trabajo-recompensa-consumo. La realización de vida en éste modelo de sociedad industrial es la producción de ganancias que faculten adquirir bienes “convenientes” de cuestionable utilidad y duración que nos hagan la vida más fácil.

Nuestro estilo de vida genera tremendas cantidades de basura, cerca de 2 kilogramos por persona por día, centenares de miles de toneladas de desperdicios al año, convenientemente retirados de nuestra vista para evitar recordarnos el esquema de mezquindad que requiere éste ciclo de consumo. Para la mayoría de nosotros el ciclo de vida de nuestros productos, su vida útil, nos pasará de largo, más no para quién puede concederse el tiempo para pensar en nuestra huella en el planeta que es una situación preocupante.

Nada es infinito, nuestros recursos son limitados y estamos consumiéndolos a un ritmo “desenfrenado” en completa negación por los efectos futuros. La polución que hemos generado en los últimos 50 años no tiene precedente en la historia de la humanidad y existen más incógnitas que soluciones al respecto, por una parte las empresas productoras están dedicadas enteramente a producir para generar ganancias, por otra el estado, otrora rector de la economía, está preocupado por no causar “inconveniente” a éstas entidades y perderlas, para los pocos ciudadanos que asumen su carga en éste problema existen pocas opciones para contribuir al rescate del planeta, la más obvia es, quizá, el reciclaje.

El reciclaje, por desgracia, es un proceso costoso de transformación que, a menudo, reporta mayores costos que beneficios. Por ejemplo, el reciclaje de papel es considerado como algo bueno porque protege a los bosques de la tala indiscriminada, sin embargo, no es necesariamente cierto, en Canadá, Noruega o Suecia las empresas que talan árboles para transformarlos en papel deben re-plantar hasta dos o tres veces la cantidad que talan en áreas controladas exprofeso para éste fin, el reciclaje afecta irremediablemente a éste tipo de empresas porque les obliga a abaratar su producto para ser competitivos, dando al traste con empresas perfectamente sustentables.

Si lo pensamos un poco, reciclar es una forma de hacernos sentir menos culpables por pertenecer a una sociedad orientada al consumo y nos hace creer que somos “parte del cambio”, no es muy claro que tan efectivo resulta, pero reciclar se siente bien, según el profesor Lomborg de la Universidad de Copenhagen:

“…reciclar es, a menudo, un gesto para hacernos sentir bien que provee poco beneficio ambiental a un precio significativo…”.

La mayoría de los programas estatales de reciclaje “obligatorio”, que imponen en el ciudadano promedio, la obligación de clasificar y separar su basura, pierden el sentido (en la mayoría de los casos) porque el personal de limpias no está capacitado para recibir la basura escrudiñada y al final simplemente la juntan. En otros casos no existe la infraestructura para transformar basura en materia prima y volver a producir, en México sólo el 13% del plástico se recicla, menos del 20% del vidrio y poco más del 40% del metal, ¿por qué?, porque al final se trata de una cuestión de hacer negocios y de imponer cargas a las empresas y el estado es, más bien “complaciente” con las empresas en México, por la psicosis que produce en la mente del burócrata dejar de recibir algún “emolumento” por no inventar alguna política pública o, peor aún, por el temor a perderlas ante cualquier otro país con menos restricciones.

Y entonces, ¿quién dijo que reciclar funciona?

Contrario a lo que se podría pensar el reciclaje apareció en Europa a mediados del siglo XIX, era un reciclaje primitivo de metales durante la revolución industrial, antes de que se produjeran las cantidades masivas de basura de hoy en día. Durante los años 40 Estados Unidos estaba en plena segunda guerra mundial, su población civil, no combatiente buscaba participar en los “esfuerzos bélicos” y la oficina de la defensa civil ordenó, entonces, que cada hogar norteamericano recolectará metal para poder fabricar armas para ayudar a los chicos al otro lado del charco a pelear contra las potencias de eje.

Lo curioso de ésta recolecta de metal es que no contribuyó al esfuerzo de guerra, ya que era muy costoso “reutilizar”, más aún que producir algo nuevo, sin embargo, la finalidad no era coadyuvar “realmente” al esfuerzo bélico, sino generar unidad y conciencia en una época en la que el gobierno de EU necesitaba que su pueblo se ajustará el cinturón. Para finales de los años 50 la ideología de la escuela de Chicago se había instalado en la política económica Estadounidense y dado su nuevo papel “preponderante” en la cultura política-económica global también en el mundo.

En los siguientes cuarenta años se produjeron cantidades masivas de productos de todas las denominaciones imaginables, desde aquellos de primera necesidad hasta aquellos que bien podríamos llamar “banales”. Un nuevo esquema de producción y consumo que fabricaba cosas para satisfacer “provisionalmente” necesidades sociales apareció como de la nada. Durante la segunda mitad del siglo XX las modas y las tendencias generaron un tipo de consumo tan extremo que un producto, otrora parte del ajuar de una persona de por vida, tuviera un ciclo de vida de sólo unos cuantos meses, semanas, días y hasta horas.

Por ejemplo, una navaja de afeitar era parte del ajuar de un hombre desde que le salía la barba hasta su muerte, incluso según la calidad y ornato del producto podía ser hasta parte de una herencia, ahora, esclavos de la corporación Gillete, un rastrillo tiene una vida útil de sólo un par de meses, variando de persona en persona.

En 1987 una barcaza de basura, el Mobro 400, despertó el interés del pueblo estadounidense sobre los procedimientos de desecho de basura. La barcaza de la Empresa Mobro Inc. transportaba basura de Estados Unidos a Belice pero se vio forzada a regresar, aparentemente porque el arreglo monetario no habría sido honrado en Centroamérica, lo que llevo a la embarcación a un “paseo” por toda la costa Este de EU buscando dónde verter su carga de basura, los medios “etiquetaron” la historia como una “crisis de vertederos en la unión americana” y, el pueblo americano, ignorante de los detalles y algunos “astutos emprendedores” de aquel entonces, dieron origen al negocio del reciclaje para apaciguar la enardecida opinión pública.

Por primera vez la ciudadanía se involucró en el manejo de desechos y, como generalmente ocurre en estos casos, el gobierno creó leyes y organismos que las implementaran y así regular los desechos. Estados Unidos empezó a exportar basura, no autos viejos que ya no se venden, literalmente basura, a naciones en desarrollo a cambio de cantidades “ínfimas”, el pueblo americano pudo, entonces, dormir tranquilo sabiendo que ya no había más una crisis de vertederos.

Poco tiempo después nació la conciencia global del reciclaje, se crearon más leyes que obligaban a los ciudadanos de las grandes ciudades a separar su basura y “participar” en el esfuerzo de “salvar al planeta”. Más tarde emprendedores y empresas encontraron un nicho en ésta nueva tendencia “ecologista” y crearon un negocio “multimillonario” del reciclaje que usa, en algunos casos, la separación de desechos que hace una persona desde casa para “facilitar” su actividad y hacerla más “sustentable” (redituable).

El reciclaje no es, sin embargo, una pérdida total de tiempo, existen algunos programas (por ejemplo: Japón) que han demostrado ser tremendamente eficaces en la reutilización de vidrio, plástico, metal y desechos orgánicos; el problema surge cuando las regencias, municipios y provincias instauran programas de reciclaje sin sentido esperando obtener resultados como por arte de magia. Los programas de reciclaje que funcionan involucran una co-participación de las empresas, el estado y la ciudadanía, que en el marco de una política pública estructurada a largo plazo que traerá beneficios a todos los involucrados.

La imposición de políticas de reciclaje reaccionarias y desinformadas que se ajusta a una tendencia extranjera y  buscan “expiar” nuestras culpas o cumplir con un mínimo internacional de tal o cual certificadora, no tienen el menor impacto y, por el contrario, fastidian a la ciudadanía absorta en un sistema económico-social de consumo que no entiende pero del que es, irremediablemente participe, le obligan a la acción de escudriñar su basura en un ejercicio simulador e inútil que hace que al final el reciclaje sea una pérdida de tiempo.

Más que estar a favor o en contra del reciclaje es menester involucrarse y ser partícipe de la conservación del planeta, nuestra huella está devastando nuestro único hogar y las consecuencias a futuro serán irremediables. El estado como depositario del poder público y como protector del territorio y la soberanía nacionales se ha mantenido en una postura vacilante, entre la indiferencia y la simulación y lo ha hecho en gran medida porque nosotros, los ciudadanos estamos estacionados en la misma postura. Hasta que la ciudadanía reclame del estado una postura firme sobre el manejo de desechos de poco o nada servirán los esfuerzos que hagan unos cuantos por reciclar, las empresas seguir generando efectos externalizadores y el ciclo de consumo seguirá generando más y más basura.

¿Usted recicla?

Bibliografía

Bauman, Zygmunt, Work, Consumerism and the new por, Mc Graw Hill, New York 2008

Referencias en línea

http://www.edu.gov.mb.ca/k12/cur/socstud/global_issues/consumerism.pdf

http://www.kab.org/site/PageServer?pagename=recycling_facts_and_stats

http://www.altonivel.com.mx/34292-sin-reciclar-87-del-plastico-en-mexico.html

http://www.curiosidadesenlared.com/%C2%BFsabes-cuanta-basura-se-produce-a-diario/

http://www.pbs.org/thewar/detail_5406.htm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Diplomado en Investigación Criminal INFORMACIÓN
Con los más prestigiados y reconocidos especialistas
LEER
Contacto
Bienvenido a Centro Universitario de Educación a Distancia.
  • Angela Barrientos 105-B Col. Centro
  • 01 (771) 71 0 41 21
  • contacto@cued.mx