logo
PLATAFORMA

El hípster, un ser fuera de tiempo…

hípster

El término hípster ha adquirido un uso peyorativo y mientras más información se consulta más obscuro resulta el término, lo cual es comprensible, ya que se está definiendo algo que no tiene sustancia, sólo forma. Oblitas define al hípster de la siguiente forma:

 “…los Hipsters se destacan por intentar marcar un sello individual en su personalidad y tratar de estar fuera de moda…son una corriente silenciosa, una tendencia que no quiere ser tendencia, pero que se instaló en el estilo de vida de muchos…”.¹

Una tendencia individualista que se manifiesta en contra del orden hegemónico “reciclando” prendas y accesorios de otras épocas, ataviándose en una especie de pobreza auto-impuesta mostrando su indiferencia por las convenciones sociales, sin temor y sin pudor, transforma, detrás de una laptop escondido en el rincón de un café, la realidad como la conocemos, siempre está presto a regalar su sabiduría, está presente, desafiante, jugando al reality show sin cámaras.

El hípster es un reflejo de todas generaciones que le anteceden, generaciones de una sociedad de consumo con un ánimo más bien canibalesco, es el reflejo contemporáneo de la contracultura² que despotrica en contra del consumo y sin embargo no cesa de consumir todo cuánto satisfaga su vanguardista y sofisticado apetito, desde lo vintage hasta lo retro, sin distinción, siempre cambiante y a la caza de la próxima tendencia que lo separe de la manada.

“…se arrastra, se pliega, se expande, se contrae, duerme o sueña, hermosura harapienta. Flota: no acaba de ser, no acaba de desaparecer…”

Según los más versados en el tema, hípsters por derecho propio, se trata  de la evolución de la contracultura beatnik de los años 40, identificada con un sentido de autonomía y marginalización social único que les incitaba a responder sin mediar pregunta, enfatizando el realismo que ellos percibían con tanta claridad, mientras todos los demás estaban perdidos en el “páramo de espejos” de las comodidades de la vida moderna.

“…lleno de mí, sitiado en mi epidermis, por un dios inasible que me ahoga, metido acaso, por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo; lleno de mí-ahíto- me descubro en la imagen atónita del agua…”.4

El hípster está siempre a la vanguardia en música, escucha corrientes “alternativas” que nadie más conoce o a nadie más le atraen, percibe las más íntimas notas emanadas de un disco de vinilo, algunos llegan al extremo de llamarlas “orgánica”, lo que quiera que eso signifique;  su música los transporta a todos los lugares que añoran, lugares que no conocen, a través de acordes que no pueden reproducir y que, sin embargo, los afirman y redimen su espíritu revolucionario, rompen con su conexión histórica y los establecen al frente del cambio que algún día seres menos evolucionados que ellos habrán por transitar.

El hípster presume su vasta cultura, lo sabe todo, afirma en público haberlo leído todo, pero en privado sabe que leer es una pérdida de tiempo porque libros complejos con ideas rebuscadas que no tienen relación con su realidad, le aburren, es más fácil tomar prestadas ideas y frases que le ayuden a dar más profundidad a su “preexistente sapiencia”. Para que leer a Nietzsche cuando leer “Cliff notes” es igual de bueno sólo que más eficiente, además, de cualquier modo “Dios ha muerto y el hombre lo mató”. Todos los demás son crédulos, el hípster es creyente, no de una fe, iglesia o culto, sino de sí y de todo lo que él sabe del mundo.

“…cuando soñamos que soñamos está próximo es despetar…”.5

Slackers, Indies, Grunge, corrientes que aterrizaron una pseudofilosofía en la música y un estilo de vestir “desarrapado”, “anticonvencional” preceden al hípster que toma prestada la música, el look, pero que al mismo tiempo los trasciende social y  culturalmente. Se criaron en macetas, solos, no son de sus madres más que de sí mismos, son libres, solitarios pero nunca solos, heridos y atormentados por la misma indiferencia que los protege de la banalidad que los hiere y los escupe de vuelta al río de su conciencia.

La cultura popular, la música que “todos” escuchan, el cine que todos ven, la televisión que a todos “idiotiza” no puede penetrarlos, se desperdicia frente a su infranqueable estoicismo. El hípster tiene forma, una forma que nos elude y nos engaña por su especificidad, no es distinto por el solo hecho de ser distinto, es distinto deliberadamente, sus gustos lo distinguen y reivindican; no anhela corregir el injusto, lo crítica desde la distancia para guardar su “afilada objetividad” que puede fácilmente ser confundida con una forma de nihilismo.

El hípster, no entiende de ciega idolatría, de pasiones deportivas, de la “estúpida” necesidad de expresar sus emociones; sus emociones son suyas, como sus gustos; no pierde tiempo sin embargo, en compartir su visión del mundo, sus exquisitos gustos, su vasta experiencia en cualquier tema, no teme compartir cada detalle en Tumblr.com, no teme cambiar, porque él está más allá de ello. Le teme a ser deformado por el “mainstream” a conformarse y a convertirse, finalmente, en uno más del rebaño.

“…quien ha visto la esperanza, no la olvida. La busca bajo todos los cielos y entre todos los hombres. Y sueña que un día ha de encontrarla de nuevo…”.6

Más que una subcultura el hípster es una tendencia que se ha estacionado en nuestra conciencia a partir de la posibilidad de revelar al mundo, no lo que somos, sino lo que aspiraríamos a ser, si tan sólo hubiera en nosotros disciplina, constancia y un propósito. Para los nacidos entre 1980 y 2000 la vida carece de propósito, todo está inventado, nos hay regímenes “malignos” y una gran lucha por luchar, la vida es más vacía de lo que Sartre pudo haber vaticinado, pero es el mundo que hay.

Queda, sin embargo, la posibilidad de inventarse como alguien único en un esquema otrora monocromático y ser, parafraseando a Epicteto, la hebra morada en la toga blanca, después de todo a qué más se puede aspirar cuándo todos quieren lo mismo y todos hacen, prácticamente, lo mismo para obtenerlo. Al final, todos tenemos un poco de hípster, ya sea que nos guste admitirlo o no.

 Por: Gerardo Eugenio Alvarado Hierro

¿Qué opina usted?

Notas

¹Oblitas, M. (2009). Hipsters, la nueva onda. Periódico: Los tiempos, Cochabamba

²Contracultura, el término podría ser más ad hoc si se le refiere como cultura en oposición.

³Paz, Octavio, El laberinto de la Soledad, México 1997.

4 fragmento de la obra de José Gorostiza, Muerte Sin fin.

5 Aristides, Cesar, Sólo vinimos a soñar, Fragmento: Novalis

6 Paz, Octavio, Op.Cit.

 

Bibliografía

Arroyo H., María Fernanda, Moda en las tribus urbanas, Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, Venezuela, 2011.

Pinto, Jorge, Hipster, un manual ilustrado, México 2012.

En internet

http://ppchucho.files.wordpress.com/2011/05/hipster1.pdf

http://biblioteca2.ucab.edu.ve/anexos/biblioteca/marc/texto/AAS2388.pdf

http://www.filosoficas.unam.mx/~morado/gorostiza.htm

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Diplomado en Investigación Criminal INFORMACIÓN
Con los más prestigiados y reconocidos especialistas
LEER
Contacto
Bienvenido a Centro Universitario de Educación a Distancia.
  • Angela Barrientos 105-B Col. Centro
  • 01 (771) 71 0 41 21
  • contacto@cued.mx