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El arte de la mentira

mentira

Mentir es socialmente reprobable, sin embargo nuestra sociedad moderna se encuentra sustentada en una serie de mentiras que todos hemos acordado, al menos tácitamente, ajustarnos. Mentir es parte de nuestra vida, lo hacemos como un mecanismo de defensa para “salvarnos” de aterradoras y desconocidas consecuencias, lo hacemos compulsivamente para proyectar nuestras aspiraciones o para ocultar nuestros miedos, complejos o pecados. Mentir es un fenómeno tremendamente común y complejo que está presente durante toda nuestra vida. Si bien desde que tenemos edad para entender la diferencia entre mentir y decir la verdad se nos instruye para optar por la verdad, socialmente la mentira no sólo es aceptada, sino esperada en el intercambio de cortesías y otras interacciones.

Cuándo dos personas se encuentran, después de algún tiempo de no haberse visto, en el intercambio de cortesías como el: ¿cómo has estado?, ¿qué tal va tu trabajo?, etc. la respuesta es una mentira, hasta en un 70 por ciento de las ocasiones, el motivo es muy simple, nadie quiere contarle a otro(a) todos sus problemas al inicio de la conversación. Llamémoslo “mentiras piadosas”, “mentiras blancas”, al final, mentir es mentir. Las mentiras conforman una salida para problemas más serios, por ejemplo cuando se nos hizo tarde por irresponsabilidad, por haber calculado mal el tiempo, porque el despertador “misteriosamente” no sonó, etc., es más fácil mentir y decir algo cómo: “…se me hizo tarde porque había un tráfico infernal…”.

Mentir es un fenómeno que ocurre más fácilmente en un contexto social, lo que no significa que no ocurra en privado, también nos mentimos a nosotros mismos y nos decimos todo lo que queremos escuchar, nos inventamos explicaciones que satisfagan nuestra pre-concepción de una situación y nos ayude a evadir nuestra responsabilidad. Éste estilo de mentir se denomina racionalización, se ubica en el ego del sujeto y nos ofrece toda clase de escenarios en los cuales nosotros, según nuestra constitución, cultura y credo personal re-inventamos la historia y nos asumimos en el papel de víctimas, inocentes, héroes o meros espectadores. Nuestras mentiras se convierten, con la práctica, en imágenes tan poderosas que podemos engañarnos y contarlas como verdades posteriormente, asumiendo en ellas la identidad que, adjunta, trae apareja la historia que nos contamos.

Al escudriñar relaciones sociales la Dra. Bella DePaulo encontró datos interesantes sobre nuestros hábitos al mentir, uno de los cuales es que las mujeres mienten más a menudo y con más éxito que los hombres. En relaciones de noviazgo, una tercera parte de todas las interacciones en pareja presentan mentiras, desde las mentiras piadosas hasta mentiras elaboradas. En relaciones formales y matrimonios, sin embargo, el factor mentira se reduce dramáticamente, y sólo 10 por ciento de las interacciones en pareja son mentira, estadísticamente las mujeres mienten sobre sus decisiones, cómo lo que compraron, lo que dijeron y se escudan mientras que los hombres mienten sobre dónde y con quién estuvieron. En los estudios de DePaulo también se revela que las parejas saben, hasta en un 70 por ciento de los casos, que les han mentido y prefieren conformarse con la mentira que escudriñar más en la historia de su pareja y encontrar la verdad.

“…ask no questions, hear no lies…” (no hagas preguntas, no escucharás mentiras, adagio inglés)

Algunas mentiras son una suerte de lubricante social, hace que las conversaciones fluyan con más naturalidad, producen aceptación y aunque son fácilmente identificadas como mentiras son mucho más aceptadas que la verdad. Por ejemplo, es más aceptable afirmar: “…me encanta tu pie de limón…”, que decir la verdad “…tu pie de limón sabe muy parecido al de Vips ¡que es mejor!…”. Los falsos positivos en la mentira se refieren en interacciones humanas hasta veinte veces más que sus contrapartes, es decir, decimos “mentiras positivas” veinte veces más que “mentiras negativas”, que generalmente suenan como ironías o soberbia.

Según el Dr. Leonard Saxe de la universidad de Brandeis,  se miente más entre extraños que entre conocidos, presumiblemente porque las interacciones entre desconocidos facultan a los interlocutores la posibilidad de “ser más de lo que son”, en este sentido las personas extrovertidas mienten más que las personas introvertidas, los varones mienten sobre sí mismos, más que las mujeres y, las mujeres mienten para protegerse de lo que ellas mismas creen que las descalifica o sobre lo que ellas creen que fueron malas decisiones. Al final mentir es una actividad colaborativa, el que miente activamente requiere de otro mentiroso pasivo que elija creerle porque, para que una mentira sea exitosa, alguien tuvo que elaborar un discurso que alguien más acepto para ser engañado, ya sea por comodidad, complacencia, amor, lastima o costumbre; así, el que se traga el cuento es igualmente culpable que el autor de la mentira.

Una vida de mentiras

La nuestra es una vida llena de mentiras desde el inicio hasta el final, para empezar estudios realizados por científicos en la Universidad de California demuestran que un bebé (de sólo unos meses de vida) finge un llanto para procurar atención y afecto, lo que significa que empezamos a mentir desde antes de que aprendamos a hablar. Los niños de sólo dos años aprender a detectar el “bluff” de sus padres como “amenazas vacías”, a los cinco años un niño puede mentir elaboradamente y generar una defensa “plausible” respaldada por una estructura causal (causa-efecto). Un adolescente le miente a sus padres en una de cada 5 interacciones, sobre lo que piensa, lo que hace, cómo lo hace y con quién. Para el momento que una persona se convierte en un joven adulto la mentira se convierte en un recurso “valido” para evitar el dolor, el regaño, la soledad y el rechazo.

La mentira es resbalosa, se nos escapa de las manos y, a menudo,  nos engañamos a nosotros mismos pensando que no somos capaces de mentir. Un buen ejemplo de ello es la omisión de información, que  también es mentir, no importa cómo se racionalice. Excluir detalles u omitir hechos es mentir por omisión, sea cuál sea la excusa que nos inventemos para justificarlo y para un adulto constituye la forma más común de mentir y aunque es difícil admitirlo: ¡Todos mentimos!

¿Qué opina usted?

 

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro/www.cuedac.edu.mx/Centro Universitario de Educación a Distancia A.C.

En nuestra próxima entrega revelaremos algunas de las técnicas usadas por expertos en el arte de descubrir a un(a) mentiroso(a)

 

Bibliografía

http://www.artofmanliness.com/2010/01/08/become-a-human-lie-detector-how-to-sniff-out-a-liar/

http://www.truthaboutdeception.com/lying-and-deception/detecting-deception/discover-the-truth/catch-cheating.html

http://lenguajecorporal.org/detectar-mentiras/

http://www.realsimple.com/work-life/life-strategies/truth-about-lying-00000000012669/index.html

https://www.goodreads.com/quotes/tag/lying

http://www.psychologytoday.com/articles/199704/the-truth-about-lying

 

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