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Detectando mentiras

mentiroso

Por regla general los seres humanos mentimos ya sea como una suerte de lubricante social, por mantenernos a salvo, por patología o por pretender ser más de lo que realmente somos, todos mentimos, le mentimos a nuestros conocidos dos o tres veces por cada 10 minutos de conversación, hasta el setenta por ciento de todo lo que le decimos a los extraños, mentimos en pareja, le mentimos a nuestros colegas y jefes, en promedio mentimos entre 10 y 50 ocasiones al día.

Como establecimos en la pieza anterior (el arte de la mentira), mentir es una actividad colectiva que depende de una persona intentando mentir y otra dispuesta a ser engañada. El énfasis de éste artículo está en identificar una mentira en su conjunto a través de distintos signos característicos del arte del mentir, cabe señalar, sin embargo, que aunque gran parte de estos conceptos son extrapolables a situaciones del día a día, la validez de estos signos dependerá del contexto de la mentira, la gravedad y el mentiroso, dicho esto, vamos a detectar mentiras.

Lenguaje corporal

El mentiroso(a) por lo general siente una invasión en su espacio vital, ergo, buscará ocupar el menor espacio posible y la mayor distancia con su interlocutor así, por lo general, quien miente realiza movimientos rígidos y calculados y procura, en la mayoría de los casos, realizar ademanes lo menos posible. Al analizar a éste estilo de mentiroso(a) es conveniente señalar que las personas introvertidas enfatizan menos con sus movimientos cuando hablan, por lo tanto, serán más difíciles de ubicar en ésta categoría.

Otro signo en el lenguaje corporal, además de la rigidez es el movimiento de dedos, manos, brazos, pies y piernas, estos movimientos, por lo general, llevan un ritmo o describen una especie de temblor característico. Quién miente también busca cruzar los brazos o piernas, echar el cuerpo hacia adelante, al mismo tiempo que generan “barreras” con objetos o su propio cruce de articulaciones.

Quienes mienten también pueden tocar su cabello, garganta, desarrollar una “comezón” focalizada en la barbilla, nariz u orejas, es común que el mentiroso(a) tenga los puños de las manos cerradas y sonría ocasionalmente, expresando una especie de placer por mentir, generalmente después de haber vertido la mentira, o al momento de ser confrontados con ella, este particular gesto nos indica un mentiroso(a) más experimentado y más habituado a salirse con la suya.

Gestos y contradicciones

La gesticulación y la expresión tienen un ritmo así, aunque no lo sepamos, intercambiamos emociones. Cuándo el ritmo o los tiempos en los que se gesticula y se habla no empatan, es común, que “algo” no nos cuadre pero no podemos identificar con total certeza qué es. Cuándo una persona miente, a menudo, prolonga los periodos de gesticulación o los realiza a “destiempo”, por ejemplo:

Regalar algo, un obsequio es un símbolo de cuánto sabemos sobre una persona y el cariño que le tenemos, cuándo Miguel cumplió años, su “amiga/colega” María, de la oficina, con quién había trabajado durante casi siete años le obsequió un juego de lapiceros con pisa corbatas, Miguel no usa pisa corbatas, es más, no usa corbatas y ciertamente no carga sus propios lapiceros, sin embargo al recibir el obsequio esbozó una media sonrisa y dijo: “…muchas gracias…no te hubieras molestado…están padrísimas…”. Las pausas en la expresión, la gesticulación “forzada” demostró que en realidad el obsequio representa lo poco que María conoce a Miguel y lo poco que le importa.

El que miente cuida mucho sus gestos y sus expresiones, a menudo se procura ser preciso en el uso de palabras, como si se estuviera leyendo un guion. Se ha descubierto que cuándo se miente se usan menos músculos faciales que cuando se dice la verdad, quizá porque cuándo se miente se procura mantener el control de cada palabra. El movimiento poco característico de la quijada, mejillas o fruncir el ceño al momento de tomar la palabra son indicativos, en la mayoría de los casos de alguien que miente.

Acción y reacción

El mentiroso se pone a la defensiva, por regla general, cuando siente que su mentira está por ser descubierta, recula, se contrae y se enconcha a diferencia de quién habla con verdad y asume una postura ofensiva, claro que esto no impide que existan, y los hay, mentirosos que se aferren de tal forma a su mentira que asumen la postura ofensiva, aún sin argumentos y sin razón. Éste estilo de mentira por lo general tiene un límite y el desgaste que produce en el mentiroso es tal que acabará cediendo si se tiene la constancia necesaria para ir más allá de la mentira.

La mentira genera incomodidad, así que el mentiroso se sentirá incomodo al ser cuestionado, a menudo, el mentiroso desvía la mirada, voltea el cuerpo, se aleja, coloca objetos entre quién lo cuestiona y él para regresar a su estado de confort. Es común que el mentiroso(a) hulla después de haber sido interrogado(a) por algún tiempo, el cuestionamiento en desorden es más eficaz para develar la mentira, ya que imposibilita al mentiroso(a) mantener la estructura congruente de la mentira.

El mentiroso(a) estructura su mentira en un orden cronológico preciso y congruente, a menudo, dependiendo de la experiencia del mentiroso(a), se sustenta la mentira sobre una media verdad y los detalles le dan forma a la mentira. Julio visitó a sus amigos el jueves a las seis de la tarde, conversaron sobre política y fútbol, cuando le cuenta la mentira a su novia sobre lo que hizo el viernes por la tarde, usa la misma anécdota para respaldar su mentira así, será más difícil que caiga en contradicciones.

Las mentiras, sin embargo, se sustentan sobre delicados detalles, hechos en el tiempo y el espacio que son en sí mismos irrepetibles, la reacción de un mentiroso(a) al ser confrontado(a) con la mentira es ser ambiguo(a) y procurar desviar la atención sobre los detalles. El cerebro en ese sentido genera signos inequívocos de la mentira especialmente en el movimiento de los ojos.

Los ojos no mienten

Existen varios estudios que revelan que el movimiento de los ojos guarda estrecha relación con afirmaciones verdaderas o falsas, sin embargo, por sí sola ésta técnica carece de validez absoluta, debe ser utilizada en conjunto con otros recursos; se menciona esto porque es común que después de haber leído las siguientes “guías visuales” nos lancemos a tratar de descifrar cada expresión y cada conversación, si bien habrá algunos aciertos, cabe escudriñar el contexto de la conversación y el tipo de persona antes de hacerlo.

Asumamos que estamos conversando con una persona y le formulamos una pegunta, en una persona diestra mirar arriba a la izquierda (AI) representa imaginar ya que se accede al área del cerebro encargada de producir imágenes, por lo tanto, si el interlocutor gira los ojos AI se trata de una mentira. Cuándo el interlocutor a quién hemos preguntado gira los ojos arriba y a la derecha (AD) éste accede a las “memorias visuales” del cerebro, por lo tanto su respuesta es probablemente cierta.

En el campo auditivo, cuando el interlocutor gira los ojos a la izquierda (I), por lo general, se indica una “construcción auditiva”, es decir está inventando lo que se dijo; por el contrario cuando se gira a la derecha (D) se indica una “memoria auditiva”, asumiendo por supuesto que el interlocutor sea diestro.

Finalmente, cuando la mirada va hacia abajo a la izquierda (Ai) se accede a las memorias sobre sentimientos o sensaciones, se recuerda un sabor, una sensación, etc.; la mirada abajo a la derecha se denomina “dialogo interior” y generalmente revela que el interlocutor está sosteniendo un dialogo consigo. Así pensemos que la esposa le pregunta a su marido si recuerda su primer beso, él se detiene por un instante, gira sus ojos Ai y sabemos que recuerda la sensación del evento.

Antes de aplicar éstas claves es conveniente familiarizarse con los manierismos y las expresiones del interlocutor, además, es conveniente saber si el interlocutor conoce las señales, ya que las personas familiarizadas con éstas técnicas ocultarán mejor sus mentiras. Forzar la mirada al frente en la mayoría de los casos será, también, un indicador de falsedad.

Conclusiones

Existen detractores y creyentes de los signos de falsedad, algunos consideran que éstos signos son demasiado abiertos a la interpretación y por lo tanto no pueden ser utilizados como un manual de detección de mentiras, otros como policías, líderes de empresas, reclutadores emplean su propia versión de éstos signos para develar la falsedad en cada interacción profesional, al final le corresponde a usted emplearlos con responsabilidad y así descubrir al mentiroso.

¿usted qué opina?  

Por Gerardo Eugenio Alvarado Hierro / www.cuedac.edu.mx

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