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De la opacidad a la luz: Una cuestión de percepción

peña y hollande

De la opacidad a la luz: Una cuestión de percepción

El caso de François Gérard Georges Nicolas Hollande, presidente de Francia desde 2012, es una clara representación de la incongruencia del electorado en los países democráticos. François Hollande hizo campaña sobre promesas difíciles y, al cumplirlas, logró alienar a todo el país a tal punto que en los últimos meses se hablaba de su inminente salida de la presidencia de continuar su “desaprobación”, hoy se convierte en una figura de unión.

Hollande anunció su candidatura para la presidencia en Marzo de 2011, tenía aún un largo camino para la conciliación y la negociación por delante, dado que el partido socialista tenía a otros prospectos más populares y con una mayor trayectoria en la mira, sin embargo obtuvo la nominación de su partido en Octubre de 2011 tras su victoria en las elecciones primarias frente a Martine Aubry y más tarde en mayo de 2012 en segunda vuelta derrotaría a Nicolás Sarkozy.

Hollande entró a la presidencia de Francia con 60 por ciento de aprobación, siendo el segundo mandatario socialista después de François Mitterand, sin embargo, después de reuniones con dignatarios de estados vecinos europeos la imagen de Hollande empezó a “diluirse”. Hollande presentó a los franceses un discurso adusto y desangelado, desprovisto de la retórica y el carácter que un presidente debía tener.

Durante los siguientes meses a ocupar el cargo Hollande involucró a Francia en conflictos en Mali, República Centroafricana y Siria, con resultados mixtos, lo irónico es que el presidente francés no era cuestionado por sus políticas o por haber actuado contra el terrorismo o en favor de sus ciudadanos en el exterior, en el caso de Mali, Hollande era increpado por presentar una imagen sin fuerza.

A principios de junio de 2013 Hollande impulsó el matrimonio entre personas del mismo sexo y la adopción legal para parejas, también, del mismo sexo, algunas de sus más complicadas promesas de campaña. Después de cumplir con el proceso legislativo correspondiente Hollande firmó la ley en Mayo del mismo año, a lo que siguieron protestas y la desaprobación de su gobierno.

En Septiembre de 2014 el Washington Post publicó una nota revelando que 62 por ciento de la población quería ver a Hollande renunciar al cargo antes de 2017. La caída de la gracia de Hollande se intensificó ante la situación de desempleo, la política migratoria incompleta de Francia y el repunte en la delincuencia. Hollande se convirtió en el presidente más impopular en la historia de su país a tal grado que en la encuesta nacional de aprobación alcanzó el 13 por ciento a finales de ese mismo mes.

El 7 de Enero de 2015 ocurrió el lamentable ataque terrorista a la publicación Chalie Hebdo en París, sólo unas horas después del incidente el presidente francés estaba en el sitio, convocaba a la unidad y repudiaba los actos de violencia ocurridos. En el transcurso de los días siguientes Hollande participó en una de las manifestaciones más importantes de los últimos tiempos, había convocado a líderes de distintos países europeos y aparecía “presidencial”.

En sólo días François Hollande logró revertir una tendencia negativa en la percepción de su pueblo a la figura presidencial, que más que otro sentimiento inspiraba indiferencia. Hollande supo tomar una situación espantosa y convertirla en un instante de unidad nacional, un instante de concordia y un repunte en su aprobación pública, que alcanzó más del 40 por ciento. El caso de François Hollande nos revela que el rol de las figuras públicas, que detentan cargos, es una cuestión de percepción más de lo que es una cuestión de resultados.

En México, una lección por aprender…

Enrique Peña Nieto no pudo haber llegado en mejor momento, había ganado la elección presidencial con un buen margen, había logrado conciliar a las principales fuerzas políticas del país bajo su bandera (el pacto por México), tenía once reformas estructurales que auguraban una mayor derrama económica al país, recuperaba la deteriorada imagen de México a causa, en buena medida, de la guerra contra el narco iniciada por su antecesor y logro poner tras las rejas a la lideresa del más grande y corrupto sindicato del país, Elba Esther Gordillo.

Parecía que todo lo que tocaba el presidente se convertía en oro, sin embargo, el año pasado demostraría ser fatídico para el gobierno de Enrique Peña Nieto, iniciando con la aparición de grupos de autodefensa en la tierra caliente de Michoacán, originalmente calmados e institucionalizados con tremenda pericia y más tarde convertidos en “empresarios de la extorción”, se enfrentó al paro del Instituto Politécnico Nacional que, de igual modo, se resolvió con pericia, sin embargo no supo reconocer la trascendencia de hechos violentos como los ocurridos en Tlatlaya y Ayotzinapa y manifestarse a tiempo.

El pronunciamiento del ejecutivo respecto de los casos Tlatlaya y Ayotzinapa fue tibio, fue tardío y perdió toda credibilidad y legitimidad; se vino entonces una marejada de protestas que chocó contra la reticencia de la clase política de reconocer que existe un problema de inseguridad y que éste tiene su origen alrededor y al interior de la clase gobernante, que por acción o por inacción ha debilitado el basamento sobre el cual opera el estado de derecho.

El gobierno de Enrique Peña Nieto aún siguió recibiendo golpes antes de terminar el año, un escándalo sobre una propiedad y la pésima decisión de enviar a la Señora Angélica Rivera, quien en tono condescendiente causó aún más malestar, a esclarecer la situación, ahora, desprovisto de legitimidad el ejecutivo federal parece haber contagiado su indecisión y dudas a algunos gobernadores, presidentes municipales y demás personajes que, simplemente, se rehúsan a actuar ante las manifestaciones que bajo la bandera de Ayotzinapa han procurado reivindicar un siglo de olvido.

Al final…

La función de un líder es unificar y constituirse como un símbolo de confianza y certidumbre. Hollande y Peña representan caras opuestas de una misma moneda, el primero entendió cuál era su papel ante eventos trágicos como los ocurridos en el caso Charlie Hebdo y el segundo no. La pérdida o adquisición de capital político depende de la percepción y no existe una peor percepción que la descalificación.

 

¿Qué opina usted?

 

 

Referencias

http://www.economist.com/news/europe/21603487-even-socialists-fear-fran-ois-hollande-may-have-sunk-too-low-recover-presidential-problem

http://i100.independent.co.uk/article/francois-hollandes-approval-rating-after-charlie-hebdo–eJCf2LHzsx

http://www.washingtontimes.com/news/2014/sep/11/socialist-francois-hollande-falls-grace-62-percent/

http://www.excelsior.com.mx/nacional/2014/11/07/991208

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