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Obesidad: Un problema generacional

obesidad infantil

 

La obesidad es una enfermedad crónica que se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa o hipertrofia generalizada del tejido adiposo en el cuerpo. Un padecimiento cada vez más presente en nuestras comunidades y uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, diabetes, además de distintos tipos de cáncer (colón, mama, endometrio, riñón, páncreas, tiroides, ovarios, cérvix, etc.), melanoma y linfoma de Hodkin.

En niños y adolescentes existen múltiples factores que contribuyen a la obesidad, uno de ellos, quizá el más significativo, es el azúcar. Los niños en la unión americana consumen más de 450 calorías de azúcar por día, más del 15% de su ingesta calórica diaria, cuando según las guías de alimentación de la UNICEF debería consumir no más de 5%. En México la realidad no dista mucho de aquel escenario, la diferencia es de dónde vienen las calorías adicionales.

Desde mediados de los años 70 se empezó a producir azúcar a partir de jarabe de maíz, una variedad de “azúcar” que prometía los mismos “beneficios” en sabor que el azúcar de caña. Por desgracia este no fue el caso. El azúcar creado a partir de jarabe de maíz es creado a partir del almidón de maíz, alto en fructosa, un azúcar más complejo de digerir por el organismo ya que, a diferencia del azúcar de caña, está compuesta de más moléculas (polisacárido). Incluso se ha afirmado que el azúcar de maíz inhibe la sensación de “saciedad” y por lo tanto nos conmina a seguir ingiriendo más (OMS-1998).

En México uno de los centenares de productos que contienen azúcar de maíz es el refresco, un producto considerado “inofensivo”, refrescante y más allá, parte de nuestra cultura, un elemento “indispensable” en la mesa familiar, pieza fundamental en las reuniones con amigos, en el colegio, en la oficina, es ubicuo. El consumo de un solo refresco reporta entre 120 y 200 calorías, lo mismo que dos molletes, tres flautas o cuatro tacos al pastor, imagine que en una sola “sentada” hay quien consume dos o tres refrescos, además de las calorías de la comida.

En los últimos años se han tomado medidas a “medias” para prevenir la obesidad, sobre todo, la obesidad infantil, al prohibir la venta de “alimentos chatarra” en escuelas, sin embargo, no es suficiente hasta que los padres de familia tomen consciencia del riesgo que acarrea la obesidad. Otrora se asumía que un niño se ponía “gordito” justo antes de dar el “estirón”, con lo cual la obesidad infantil se tildaba de una condición “pasajera”, sin embargo, el 70% de los niños que padecieron obesidad infantil desarrollan secuelas, ya como adultos, que van desde la presión sanguínea alta, hasta cáncer.

La obesidad en términos generales, no es una nimiedad, es una enfermedad crónica que debe ser remediada. Los estilos de vida sedentarios, la falta de ejercicio, el consumo casi por compulsión de alimentos, y especialmente el consumo de refresco sin medida, contribuyen a desarrollarla, existe una cura y lo único que se requiere es tomar responsabilidad.

 

Referencias

http://calorielab.com/brands/soda-pop-and-sport-drinks/47

http://www.cbsnews.com/news/cdc-kids-consume-too-much-sugar-mostly-from-processed-foods/

http://es.wikipedia.org/wiki/Obesidad

http://diferenciaentre.info/diferencia-entre-azucar-y-jarabe-de-maiz/

http://www.cdc.gov/healthyyouth/obesity/facts.htm

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