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¿La violencia en México es endémica o sistémica?

Desde hace más de una década nuestro país vive una situación aberrante de violencia en todos los frentes, desde las relaciones de noviazgo, pasando por toda forma concebible de violencia intrafamiliar hasta las carretonadas de muertos que los medios reportan, casi a manera de entretenimiento día a día, porque si habitualmente lee, escucha o ve las noticias cada semana arranca con el recuento de los daños del fin de semana anterior, historias de horror de desapariciones forzadas, cabezas cercenadas que aparecen en locaciones públicas, narco mantas, homicidios cada día más descarados a plena luz del día en zonas otrora consideradas seguras al cobijo de la, muy probable, complicidad o beneplácito de las autoridades encargadas de la seguridad pública, pero el problema va más allá.

México tiene su historia de violencia, no hay como negarlo, insurrecciones, conflagraciones bélicas, escaramuzas revolucionarias, en fin, celebramos el 5 de mayo como uno de los momentos más importantes en nuestra historia, sin embargo, no somos un país así de violento. Nos despertamos éste siglo con la noticia que cuatro de las cinco ciudades más peligrosas del mundo están en nuestro país y nos asalta el asombro, ¿cómo fue que el diablo se vino a estacionar en México?, pero es más que eso, también tenemos una de las más desiguales poblaciones de américa latina, unos 120 millones de habitantes donde más de la mitad vive en pobreza y una cuarta parte vive en pobreza extrema; aunémosle el hecho de que la educación ha sido moneda de cambio político los pasados cincuenta años, al igual que la seguridad pública y que la empleabilidad sigue en declive pese a la verborrea triunfalista de nuestra clase política y empezamos a ver un problema sistémico.

La violencia no ocurre en un vacío, la violencia se aprende, se tolera y se adopta en respuesta a la percepción de miedo, de inseguridad e inestabilidad, más no sólo social, sino también económica, política, familiar. La última parte el siglo XX vio la imposición de un modelo Neoliberal basado en la competencia férrea y la privatización de toda suerte de servicios y su subsecuente encarecimiento, pero va más allá, el sistema neoliberal impuso un modelo de inestabilidad que asumía que trabajadores más preocupados por perder su empleo serían más productivos, todo en aras de maximizar ganancias. Décadas de inestabilidad económica han dado paso a décadas de inestabilidad social y familiar en un círculo vicioso que nos ha ido llevando, lenta, pero definitivamente al borde de convertirnos en un estado fallido.

Todos éstos factores influyen empero ninguno determina éste proceso de descomposición que vivimos, porque la violencia y el miedo se han insertado en nuestro imaginario y en la cultura trascendiendo el sistema jurídico-político que ante su ineficacia y falta de visión les permitieron entrar en nuestra realidad. Asumir que militarizando al país se terminará esta realidad es no entender que se trata de múltiples factores actuando en conjunto para crearla y sólo si todos nos involucramos podemos revertir ésta nefaria tenencia de violencia y miedo que vivimos. No hay como inocularse de ella ni como fingir que no ocurre, todos tenemos, a estas alturas, un conocido, un familiar o una anécdota de ésta locura y está en nosotros como sociedad revertirla, esperar a que el presidente y su gabinete resuelva con una vara mágica décadas de malos gobiernos, corrupción e impunidad es iluso, cuando menos, cada uno desde su trinchera haciendo lo que es debido con responsabilidad y exigiendo de nuestras autoridades detener las simulaciones y hacer su trabajo.

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